"Si todo el mundo es periodista, ¿qué es el periodismo?"
Ignacio Ramonet
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domingo, 27 de noviembre de 2011

Sunday Recommendation

LA ANIMACIÓN ELEVA A TINTÍN




Título: Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio. Dirección: Steven Spilberg. Producción: Peter Jackson, Kathleen Kennedy y Steven Spilberg. Guión: Steven Moffat, Edgar Wright y Joe Cornish. Reparto: Jamie Bell (Tintín), Andy Serkis (Haddock), Daniel Craig (Sakhrine), Simon Pegg (Hernández), Nick Frost (Fernández). Música: John Williams. Montaje: Michael Kahn. Duración: 109 minutos. Género: Animación, Aventuras. País: USA

El cine clásico de aventuras está de enhorabuena. Tintín, la obra más célebre de Hergé, ha pisado con fuerza en su llegada a la gran pantalla. Gracias a la tecnología de captura de movimiento introducida por Robert Zemeckis, gozamos de un Tintín con gran realismo que nos deleita, a lo largo del film, con escenas espectaculares como la persecución por las calles de Bagghar o la intromisión y huida del barco de Haddock, sin olvidarnos de momentos de auténtica tensión. Unas innovaciones que demuestran una nueva forma de hacer cine en la animación.

Dejamos atrás un género que durante los últimos años ha estado plagado de superpoderes y habilidades fantásticas. Steven Spilberg trae a la gran pantalla a un personaje muy asemejado a su propio héroe, Indiana Jones, sin extravagancias, solo aventura. Si la última entrega del explorador decepcionó, el afamado director ha dado en el clavo con la adaptación del famoso periodista del tupé pelirrojo. Se trata de una obra donde el ingenio, la perseverancia y la valentía, entre otros valores o virtudes que se hacen patentes a lo largo de la película, son más fuertes que cualquier otro poder.

Tras un más que acertado comienzo de créditos con secuencias del clásico cómic, la acción nos sitúa en un mercadillo en el que el intrépido periodista se hace con una maqueta de barco. Este simple hecho, de ahí su grandeza, introduce a Tintín en una apasionante aventura, de casi dos horas, llena de giros inesperados que le llevan a viajar por el mundo en busca de resolver un gran misterio que solo una mente insaciable es capaz de desentrañar.

A lo largo de su aventura, el valeroso reportero se ve acompañado de un elenco de personajes de lo más variopinto y entrañable. Desde Hernández y Fernández, el dúo de patosos policías de la Interpol, pasando por el enigmático Sakhrine y sin dejar de lado al estelar Capitán Haddock. Este personaje, cascarrabias y alcohólico, posee en muchos momentos de la película, más protagonismo que el propio Tintín. Sus aportaciones cómicas, emotivas y sus particulares lecciones plagadas de valores y de esperanza, dan a la película ese lado entrañable y humano que la eleva igual que al personaje.

Con un final claramente abierto, no dudo que Spilberg volverá a la carga en el futuro con otra entrega. La tecnología de Zemeckis le ha marcado el camino para llevar a Tintín a otras superproducciones tan apasionantes como ésta.

lunes, 9 de noviembre de 2009

In my room

A continuación os ofrezco una pequeña parte, pero no por ello menos importante, del cine que, de un modo u otro, ha dejado huella en mí por el motivo que fuera. Aquí os dejo unas cuantas películas que os invito a degustar. Yo lo haría o, mejor dicho, lo volvería a hacer.

Merlín: Por esas viejas tardes en las que, a mediados de los noventa, Telecinco ofrecía esos grandes Films de fantasía en dos partes distribuidas entre sábado y domingo.
La historia interminable: Por las veces que he atravesado los enigmáticos rincones de Fantasía junto a Atreyu, sumergiéndome en este fantástico mundo con la ilusión de Bastian.
Dentro del laberinto: Porque es la película que más alquilaba de niño en tardes de fin de semana, una vez tras otra, en el videoclub que estaba junto a mi casa.
Pactar con el diablo: Porque me enseñó que detrás de cualquier perfecto escenario, puede haber un demonio escondido moviendo todos los hilos de los títeres que bailamos en él.
Saw: Por esa saga que me ha mantenido pegado al sofá mientras una escalofriante música y una repentina sucesión de imágenes me mostraban todo aquello que los ojos, a veces, no aprecian a ver.
Piratas del Caribe: Por devolver un hueco en el cine a esa piratería que, comandada por el traicionero Capitán Jack Sparrow, resurgió con una saga en la que la excepcional trama no puede describirse con palabras. Porque no soy honesto
El Rey León: Porque, además de traspasar todas las barreras que una película de Disney pudiera, nos hizo gozar a todos cantando ese “Hakuna Matata, vive y se feliz”
El Muñeco diabólico: Por Chucky, que me hizo pasar momentos de terror en mis primeros años, y momentos de diversión unos cuantos años después.
Agárrame a esos fantasmas: Porque nos recuerda que, a veces, lo que creías que había desaparecido o que, sencillamente, ya no está, puede regresar y volver a tocarte las pelotas.
Big: Porque detrás de cualquier adulto, en muchas ocasiones, no hay más que un niño indefenso y asustado.
Solo en Casa: Porque descubrimos en el pequeño Kevin McAllister, al autentico sucesor de McGyver, además del terror en miniatura de cualquier ladrón que pretenda estropearte la navidad.
Ghost: Por ser, posiblemente, la película que más veces he visto a lo largo de mi vida y, sin embargo, no me canso de ver.
Harry Potter: Por hacerme vivir en imágenes, todas esas letras que han pasado por delante de mis ojos y por tratarse de las películas que uso, en multitud de ocasiones, para coger el sueño.
El Señor de los Anillos: Por transportarme, tantas veces, a ese mundo tan desconocido y entrañable, creado, completamente, por la mente de un artista. También por recordarnos que la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro
Star Wars: Por esa impresionante saga en la que aprendimos que, entregándonos al máximo, con toda nuestra “fuerza”, haríamos frente a todos nuestros temores y derrotaríamos a ese “lado oscuro” de la vida.
American History X: Porque debemos alejarnos de todos esos prejuicios que nos envenenan para descubrir que la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.
Batman: Por transformar nuestros mayores temores en el símbolo de nuestra fortaleza y por proporcionarme esa frase que nunca me abandona.

lunes, 26 de octubre de 2009

Sunday Recommendation


Dentro del Laberinto


Sarah es la típica quinceañera ingenua que vive en su mundo de fantasía y adorna su habitación con muñecos, libros y juguetes de cuento de hadas. Sus padres, que salen de forma frecuente, la obligan a cuidar de su hermano Tommy, que no es más que un bebé, y ella está cansada de soportarle. Por lo tanto decide invocar a los goblins para que se lo lleven al castillo más allá de la ciudad de éstos y, de esta forma, poder vivir tranquila y centrarse en sus juguetes y sus cuentos. Entonces aparecen los goblins, liderados por su rey, Jareth (David Bowie), y se llevan a su hermanito. A partir de ahí, Sarah deberá cruzar el largo y difícil laberinto en el que Sarah se enfrentará a juegos mentales, difíciles acertijos y numerosas trampas que deberá sortear para llegar al castillo antes de 13 horas, sin embargo pronto descubre que dentro del laberinto no todo es como parece.


Como bien aprecia Sarah en el film cuando se dispone a atravesar el laberinto, las cosas no son como parecen y, como bien la indica el gusano cuando ella había abandonado la esperanza, no se puede dar demasiadas cosas por sentado. Eso es precisamente lo que sucede con ésta película. A pesar de su apariencia casposa, pusilánime e infantil, es un gran clásico que te proporcionará un alto grado de diversión durante más o menos hora y media.


Reúne las características del cine de fantasía de los 80, las cuales, en mi opinión, hacen de éste, un género cinematográfico sensacional y lleno de matices que lo hacen único. Por un lado, tenemos al enigmático David Bowie, ejerciendo de un Rey de los goblins caracterizado por sus extravagantes vestimentas y su carácter ambiguo, misterioso e impredecible. Asimismo, su aportación musical, basada en unas canciones estilo muy pop-rock de los 80, nos da ese toque fantástico que no dejará indiferente a nadie.


También destaca la joven Sarah (Jennifer Connelly) como esa chica encerrada en su mundo de hadas y a la que nada la importa más que sus cuentos, sus historias y sus juguetes. Cabe reseñar el cambio que experimenta a lo largo de la película cuando debe darse cuenta de que no es una niña y que debe madurar para alcanzar sus objetivos.

Por otro lado, contamos con esa serie de extraños muñecos entre los que encontramos los tópicos que no nos cansamos de admirar: el enano gruñón pero de buen corazón, el zorro caballeroso, noble y valiente y el enorme monstruo que finalmente no es tan monstruo como parece. Un entrañable conjunto de personajes que dan a la historia ese colorido con un trasfondo de confianza y amistad.

Además, los escenarios y decorados reflejan perfectamente este peculiar género basado en los efectos especiales convencionales y el uso masivo de muñecos y marionetas le aportan un aire entrañable.


En conclusión, Un film que guardo en mi colección desde mi infancia y que recomiendo fervientemente para disfrutar, cualquier tarde, de ese mundo de fantasía que nos aleja del rutinario mundo real. Un film que te mostrará el tortuoso laberinto de la adolescencia. Te enseñará cómo para poder alcanzar la ansiada meta hay que dejar atrás la niñez y no huir de ese mundo lleno de problemas y preocupaciones conocido como el mundo de los adultos. En ese mundo todos tenemos responsabilidades y gente que depende de nosotros, y debemos darnos cuenta de ello. Donde los valores como la amistad cobran verdadera importancia para lograr un objetivo que resultaría inalcanzable de hacerlo en solitario. Un mundo en el que, a pesar de haber dejado atrás todo cuanto creíamos perteneciente a la niñez, tememos caer en el olvido, tenemos caer en el abatimiento, en el desánimo. Tememos caer en el Pantano del Hedor Eterno…