"Si todo el mundo es periodista, ¿qué es el periodismo?"
Ignacio Ramonet
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jueves, 23 de septiembre de 2010

El Coloso de Cristal

Hoy, en uno de mis viajes en autobús de idas y venidas de la emergente rutina, he tenido tiempo para pensar. Puede que no sea agradable ese tiempo muerto considerado innecesario pero, en muchas ocasiones, puede llegar a ser el momento en el que más tiempo tengo para poner en orden todas esas cosas que se arrastran por mi cabeza. Y, poco a poco, serpenteando, ha llegado hasta mí una interesante historia:

Se trataba de un hombre, un peculiar hombre. Era fuerte y grande, sus toscos brazos eran capaces de levantar las más grandes cargas y de volver del revés cualquier insolente expresión. Sin embargo, era alegre y bonachón, como suelen ser, en muchas ocasiones, todos esos pequeños grandotes.
Siempre había caminado poco a poco, eligiendo con cuidado sus pasos, pues no poseía la agilidad de la que otros hacían gala y, quizá, tampoco era tan sagaz, pero aquella persona jamás había cesado en su intento por prosperar. Con el coraje por bandera y la superación por cántico siempre había conseguido vencer sus despropósitos.

No obstante, con el paso del tiempo, el camino se fue complicando a medida que su vida fue tornandose en cambio. Y es que nunca es fácil aceptar que las cosas ya no son como eran. El gran hombre comenzó a perderse en su propia mirada y empezó a pensar, desafortunadamente, que el camino que recorría ya no le llevaba a ninguna parte. Comenzó a detener sus pasos y a mirar hacia otro lado. Ya no poseía ese arrojo de antaño que le llevó a la prosperidad y comenzó a caer en una espiral de indolencia.

Ese colosal y, a la vez, frágil hombre ha pasado desde entonces sus días embarcándose en pequeños senderos que, por determinadas circunstancias, no se ha visto capaz de recorrer hasta el final. Sin embargo, un pequeño detalle puede hacerle recordar esa fuerza que, tiempo atrás, le llevó a cumplir sus esperanzas, a realizar sus sueños.

¿Cómo terminará la historia del pequeño gran hombre? Sólo él lo sabe...

jueves, 22 de abril de 2010

Crónica de una búsqueda: Día 2

El Sol comenzó a dejar ver sus rayos a través de la ventana, el gallo empezó con su habitual cantata y los juglares saludaban al nuevo día al son de la música. Todo esto me hizo entender que era ya la hora de despertar y comenzar un nuevo día.

El almuerzo consiguió reunirnos de nuevo a los viajeros, unos viajeros intrigados y aterrorizados aún por qué sería lo que el camino nos deparaba, ese camino que hoy iniciariamos. A lo largo de esta búsqueda dispondríamos de la ayuda de un guía. Sin embargo, fuimos advertidos de que encontraríamos otros personajes dispuestos a echarnos una mano a lo largo del camino. ¿Qué dirección seguir? ¿qué herramientas utilizar? Puede que ellos pudieran ayudarnos.

Poco después de almorzar comenzamos a caminar. Era la hora de iniciar el trayecto y me encontraba plagado de fuerzas para afrontarlo. Poco tiempo transcurrió hasta que nos encontramos con un hombre. Se trataba de un tipo espigado y de ojos claros como las aguas del río. Nos estaba esperando, conocía nuestra causa. Sabía de nuestra búsqueda y, por ello, comenzó a caminar junto a nosotros mientras nos mostraba todos sus saberes acerca de cómo reunir nuestros recursos para avanzar, además de ilustrarnos acerca del mejor modo de utilizarlos. Fue una conversación realmente interesante en mi opinión, muy instructiva en cierto modo. Comimos junto a él mientras continuabamos escuchando todos los consejos del muchacho. Para terminar, se despidió obsequiándonos con un presente, un arcón. Este extraño artefacto nos permitiría almacenar ideas, recuerdos y conocimientos que pudiéramos encontrar a lo largo del camino. Agradecidos, aceptamos el regalo y nos despedimos del joven. Él quedaba atrás pero nuestro viaje debía continuar.

Tras la despedida, decidimos que ya era hora de establecer el campamento. Era tarde para seguir caminando. De esta forma, tras haber dejado atrás a nuestro nuevo amigo, acampamos, cenamos y charlamos brevemente sobre el primer día del trayecto. Sin embargo, no nos demoramos demasiado en acostarnos. Acabábamos de descubrir que los días serían demasiado duros de aguantar sin unas pocas horas de sueño...


miércoles, 14 de abril de 2010

Crónica de una búsqueda: Día 1

Era temprano. Aunque el aire era frío, podían empezar a contemplarse los primeros rayos de sol desde mi hogar. El sueño todavía pesaba pero lo único que rondaba mi cabeza era la idea de que el camino sería largo y el destino algo incierto. ¿Qué me depararía el viaje? ¿Cómo acabaría? ¿Sería duro? Todas esas dudas me asaltaban durante el trayecto al punto de reunión. Tras cruzar los verdes campos y las tierras donde nace el más dulce vino llegue, al fin, a la aldea que tantas veces antes había visitado. Un lugar en el que pasé mi niñez, jugando y aprendiendo de esa gente con la que compartí el camino. Pero el camino sigue y las tornas cambian. Ahora acudía en búsqueda de respuestas, de conocimientos, de darle una razón de ser a mis sueños.

Entrada la mañana llegamos al poblado. Nada había cambiado desde mi última visita. Me reuní, de nuevo, con los que, tiempo atrás, comenzaron esta búsqueda a mi lado. A lo largo de 6 días caminaríamos juntos por la misma causa. Nuestro objetivo era común, sin embargo, cada uno poseíamos distintas inquietudes, destintas formas de pensar, distintos temperamentos.

Más tarde, cuando el sol se situaba en lo más alto del firmamento, llegó el momento de reunirnos junto a quien nos había citado, aquel que nos guiaría en nuestra búsqueda de esperanzas y sueños. Al menos ese era mi principal objetivo. Su discurso de bienvenida dejo claro que teniamos una larga misión por delante y que no sería tarea fácil. Qué sucedería a partir de ahí sólo el destino lo sabría.

Caída la noche nos reunimos a la mesa y, junto al ansiado pan, bebimos y brindamos recordando anteriores aventuras, también por la que nos esperaba y por lo que ésta nos depararía pues, ante todo, nuestro espíritu ansiaba la aventura. Disfrutamos del calor de la hoguera y escuchamos con interés las noticias que cada uno de nosotros traía de sus lejanas tierras. Al término del banquete nos retiramos sin dilación a descansar, pues necesitaríamos del calor de las mantas y la comodidad del lecho para aguantar las brutales y arriesgadas pruebas que nos esperaban en el camino...

lunes, 22 de marzo de 2010

El relato del bar que cerró por vacaciones

Quizá corran tiempos extraños, quizá el viento ha comenzado a soplar en otra dirección indicando lo que tiene y no cabida hoy en día. Puede que todo esto tenga que ver con ese bar que hace no mucho decidió cerrar para tomarse unas pequeñas vacaciones.

Las jarras de cerveza helada abarrotaban las enormes cámaras, los parroquianos llenaban la barra con sus historias y anécdotas que hacían de cada relato una aventura. Las voces de los más veteranos transmitían la sabiduría y la experiencia que a lo largo de los años nos va susurrando la vida. Los más jóvenes hacían gala de esa gran alegría y dinamismo propia de los más infantes. Sus risas podían llegar a convertirse en el estimulante más potente que se podía encontrar.

Sin embargo, por todos es sabido que la vida nunca ha sido una interminable línea recta, sus increíbles subidas y sus pronunciadas caídas también tienen hueco en nuestra historia. De repente, un día, sin previo aviso, quizá por la presión del momento o por las circunstancias que nos abordan, el bar se vio obligado a cerrar. Tras mucho tiempo tras la barra llegaba el momento de tomarse unas vacaciones que sólo el tiempo sabe cuanto durarían.

Y ahora, que tras tanto tiempo en el ajo me veo fuera de la barra, todas las situaciones se me hacen extrañas. Las cosas son muy diferentes a cómo eran. Me he convertido en uno más de esos parroquianos que cuentan su historia y buscan un trago. Puede que ese público ya no sea la vital fuente de mis ingresos pero eso no significa que carezcan de importancia. Se trata de gente con la que he compartido mis momentos y con la que, a partir de ahora, andaré el camino. Nos vemos a la vuelta.

Porque pase lo que pase estoy aquí...

lunes, 15 de febrero de 2010

Crazy Nights

Hoy ha sido un lunes cualquiera. Aparentemente, nada lo ha diferenciado o destacado de los otros muchos que han compuesto mis largas semanas: una mañana tranquila, una comida rapida y asfixiante, un viaje soporifero hasta Leioa y unas clases de intermitente atención. Sin embargo, siento cierta resaca emocional que ningún otro lunes había sentido. En cuestión de horas bajé del cielo de las estrellas a la tierra de las duras realidades.


Y es que durante una noche, corta pero intensa, viví algunas de esas situaciones en las que eres aclamado y ovacionado allá a donde vas, sientes el calor de la gente y la pasión de la noche y vives la música que amas de la forma más desatada y alocada. Por una noche, sentí lo que es ser parte de ese mundo que llaman el Rock and Roll.


La licra y el cuero, las lentejuelas y las melenas, y un impactante maquillaje, la noche como compañera y el alcohol como aliado. Todo ello, con un impetuoso trasfondo de Rock and Roll provocó en mí el extasis de ser, por una noche, parte de una banda a la que admiro y con la que he vibrado de una forma incontrolable. Por una noche, sentí la capacidad de hacer vibrar a otra gente de las misma forma que yo lo he hecho.


Rock and Roll all night and party every day!!!

lunes, 18 de enero de 2010

Udyat

El Ojo de Horus o Udyat es un símbolo de características mágicas, purificadoras, sanadoras y protectoras. Encarna el orden, el estado perfecto, lo imperturbado.

Según la mitología egipcia Horus, hijo de Osiris e Isis, era el dios del cielo, la luz y la bondad. Su ojo derecho representaba al sol y el izquierdo a la luna. Cuando los abría nacía la luz y cuando los cerraba llegaba la oscuridad. Estos dos ojos gemelos, los Udjat, eran capaces de observar todo el mal que existía en el mundo.

La historia cuenta que Horus era el hijo del dios Osiris, que fue asesinado por su propio hermano Seth. Cuando Horus adquirió la mayoría de edad se dispuso a vengar la muerte de su padre y se enfrentó a Seth. En una de estas encarnizadas batallas, Seth destruyó el ojo izquierdo de Horus mientras que éste hizo lo propio con los genitales de Seth. Sin embargo, gracias a la intervención de Thot, el dios de la sabiduría y de la magia, le fue devuelto el ojo a Horus en forma del Udyat. Con él, Horus consiguió devolver a la vida a Osiris.

El Ojo de Horus fue utilizado como amuleto por primera vez para devolver la vida a Osiris. Sus cualidades como tal son muy importantes ya que está considerado como uno de los amuletos más poderosos: potencia la vista y la visión, contrarresta los efectos del mal de ojo, protege al difunto y sirve de remedio y protección contra enfermedades oculares. Como talismán simboliza la salud, la prosperidad, la indestructibilidad del cuerpo y la capacidad para renacer.

Se trata de uno de los amuletos sagrados más importantes del antiguo Egipto. Se le otorgan propiedades protectoras contra el robo, la ignorancia, la pobreza y los problemas de salud. Ayuda a conseguir bienestar general y, por supuesto, es uno de los amuletos más potentes contra el mal de ojo que hace bajar la vista al malvado anulando sus influencias negativas.

jueves, 15 de octubre de 2009

Mira bien dentro de ti...

El tiempo pasa, el brillo tiende a desaparecer, la verdad empieza a morder sobre las horas y comienzas a atascarte mientras intentas darte la vuelta.

Te pierdes en lo que encontraste, las razones se vuelven borrosas, la manera insegura y comienzas a dar la vuelta alrededor de una vida que no deja de ser nada mas que un hecho cotidiano.

Realmente hay porciones de epocas en las que es mejor ahorrar algo de respiración, como cuando se produce un choque justo cuando el viaje llega a su fin.

Porque cuando alejas tu mirada pensando qué fue y qué es, nada más queda que la constancia de la rapidez en que pasan las horas, mas aún los minutos.

No soy un buen tipo después de todo...