"Si todo el mundo es periodista, ¿qué es el periodismo?"
Ignacio Ramonet

viernes, 27 de noviembre de 2009

What can I do?

Obligación y preocupación mantienen un tenso vínculo referente a la inevitable aparición de la segunda al tratar de cumplir con la primera. A medida que crecemos, vamos tomando nuevas responsabilidades en consecuencia de los nuevos retos que la vida nos plantea. Todos y cada uno de ellos llenan una vida que ajena a ocupaciones quedaría vacía y obsoleta. Sin embargo, hay ocasiones en las que debemos elegir cuidadosamente en que emplear nuestro tiempo, ese inagotable corredor que lucha día a día para alcanzar la línea de meta.

En el transcurso de la vida, empleamos nuestro tiempo en todo aquello que nos distrae de la monotonía, que llena nuestro ser o, sencillamente, que nos aporta esas gotas de felicidad que no encontrarías ni en el mercado más oscuro. La diversión del deporte, la pasión por la música o, simplemente, la devoción por unos chavales, pueden hacerte olvidar por momentos la dureza del día a día y el pesar de la rutina.

No obstante, debemos saber que a pesar de que la vida nos permita gozar de todos estos placeres, descubrimos que no debemos desperdiciar ni uno de los segundos del tiempo que se nos ha dado. Para poder sacarle la última gota a la copa de la vida debemos establecer nuestras prioridades, aunque a veces la vida lo haga por nosotros.

Porque una de sus sonrisas puede hacerte olvidar que hoy no ha salido el Sol...

jueves, 19 de noviembre de 2009

No jodas!

Las ansias de conocimiento, el frenético deseo de saberlo todo, soñar con ser el dueño de cada idea y pensamiento de la humanidad. Se trata de una de las mayores metas que cada persona ha tratado de alcanzar desde que el mundo es mundo. No verse sorprendidos por nada y preveer cada situación antes de que suceda.

Cuando surge ante nosotros algo desconocido, comienzan a asaltarnos las dudas: ¿qué sucede? ¿qúe es eso? ¿qué va a pasar? Entonces surge la necesidad de poner fin a ese mar de incertidumbres. La única forma de conseguirlo reside en saber lo que pasa en todo momento. Solamente así, podremos detener nuestra insaciable curiosidad.

Pero puede que, entonces, descubras que las cosas no eran como tu imaginabas, que te decepcione saber que, en verdad, no son como parecen. Tus deseos de conocimiento te han llevado a destapar la verdadera naturaleza de las cosas. La realidad ni es justa ni atiende a razones, se basa en un profundo caos. De esta forma, tu pedestal de barro quiebra mostrándote que no vivimos en un cuento de hadas.

Y precisamente en esos momentos, la vil desdicha te propicia ese frio mazazo que te hace descubrir que no puedes dar nada por sentado, que un pequeño demonio anida, enjaulado, en cada rincon de la existencia esperando una oportunidad para escapar. Surgen las decepciones. Y es, en ese preciso instante, cuando venderías tu alma al Diablo por regresar a ese momento en el que, aun, no sabías de ese detalle que te angustia, cuando desconocías esa cruel evidencia. Deseas volver a esa cueva donde, sin ver el Sol eras, en parte, más feliz.

Porque en la ignorancia está la felicidad...

jueves, 12 de noviembre de 2009

Only words

El ser humano, como ser social, necesita de los demás para enriquecer todo aquello que alberga su persona. La necesidad de trato o relación con los demás es tan vital como ese aliento que ansias obtener una vez has salido a flote. Necesariamente, para poder establecer ese vínculo, necesitamos de la comunicación y, más concretamente, de las palabras. Sin embargo, el grado en el que éstas son escuchadas suele ser muy diferente en la mayoría de las ocasiones y, cuando las palabras no suenan, la angustia crece, la indiferencia golpea y la desilusión te quema.

En gran cantidad de ocasiones, la fuente de las palabras se convierte en el más potente foco del escenario de la vida, eclipsando por completo el propio significado de las mismas. Pierden totalmente la coherencia y su propia valía, pudiendo ser desde el más bonito discurso hasta la mayor barbarie jamás imaginada. En ese momento es en el que el significado de lo que sentimos, pensamos y expresamos queda reducido al polvo que con una leve brisa desaparece en el olvido.

Es una realidad. No todas las palabras suenan igual. Cuando cosas así suceden, puede que tú seas el afectado, puede que tus propias palabras no sean escuchadas, sean desechadas y queden enterradas. Comienzas a notar tu invisibilidad y como te golpea el duro y doloroso látigo del anonimato. Entonces es cuando el canto de sirena de la fama te lleva a embarcarte en sueños en los que centras la atención de todas las miradas, y el mundo se rinde ante ti.

En esos momentos debes hacer valer tu palabra, debes hacer que su significado sea su mayor aval. Tranquilo, ya que no hay palabra más fuerte que otra en tierra de nadie. Nunca una palabra alta fue más importante por sonar así, ni una palabra baja fue más pusilánime por el mismo efecto. No siempre la arrogancia vence a la coherencia, ¿acaso vivimos en un mundo caótico? Sí, pero en el que una palabra vale lo que estés dispuesto a entregar por ella.

Forever trust in who you are, and nothing else matters…

http://www.youtube.com/watch?v=JgiGrXpOhYg&feature=related

lunes, 9 de noviembre de 2009

In my room

A continuación os ofrezco una pequeña parte, pero no por ello menos importante, del cine que, de un modo u otro, ha dejado huella en mí por el motivo que fuera. Aquí os dejo unas cuantas películas que os invito a degustar. Yo lo haría o, mejor dicho, lo volvería a hacer.

Merlín: Por esas viejas tardes en las que, a mediados de los noventa, Telecinco ofrecía esos grandes Films de fantasía en dos partes distribuidas entre sábado y domingo.
La historia interminable: Por las veces que he atravesado los enigmáticos rincones de Fantasía junto a Atreyu, sumergiéndome en este fantástico mundo con la ilusión de Bastian.
Dentro del laberinto: Porque es la película que más alquilaba de niño en tardes de fin de semana, una vez tras otra, en el videoclub que estaba junto a mi casa.
Pactar con el diablo: Porque me enseñó que detrás de cualquier perfecto escenario, puede haber un demonio escondido moviendo todos los hilos de los títeres que bailamos en él.
Saw: Por esa saga que me ha mantenido pegado al sofá mientras una escalofriante música y una repentina sucesión de imágenes me mostraban todo aquello que los ojos, a veces, no aprecian a ver.
Piratas del Caribe: Por devolver un hueco en el cine a esa piratería que, comandada por el traicionero Capitán Jack Sparrow, resurgió con una saga en la que la excepcional trama no puede describirse con palabras. Porque no soy honesto
El Rey León: Porque, además de traspasar todas las barreras que una película de Disney pudiera, nos hizo gozar a todos cantando ese “Hakuna Matata, vive y se feliz”
El Muñeco diabólico: Por Chucky, que me hizo pasar momentos de terror en mis primeros años, y momentos de diversión unos cuantos años después.
Agárrame a esos fantasmas: Porque nos recuerda que, a veces, lo que creías que había desaparecido o que, sencillamente, ya no está, puede regresar y volver a tocarte las pelotas.
Big: Porque detrás de cualquier adulto, en muchas ocasiones, no hay más que un niño indefenso y asustado.
Solo en Casa: Porque descubrimos en el pequeño Kevin McAllister, al autentico sucesor de McGyver, además del terror en miniatura de cualquier ladrón que pretenda estropearte la navidad.
Ghost: Por ser, posiblemente, la película que más veces he visto a lo largo de mi vida y, sin embargo, no me canso de ver.
Harry Potter: Por hacerme vivir en imágenes, todas esas letras que han pasado por delante de mis ojos y por tratarse de las películas que uso, en multitud de ocasiones, para coger el sueño.
El Señor de los Anillos: Por transportarme, tantas veces, a ese mundo tan desconocido y entrañable, creado, completamente, por la mente de un artista. También por recordarnos que la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro
Star Wars: Por esa impresionante saga en la que aprendimos que, entregándonos al máximo, con toda nuestra “fuerza”, haríamos frente a todos nuestros temores y derrotaríamos a ese “lado oscuro” de la vida.
American History X: Porque debemos alejarnos de todos esos prejuicios que nos envenenan para descubrir que la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.
Batman: Por transformar nuestros mayores temores en el símbolo de nuestra fortaleza y por proporcionarme esa frase que nunca me abandona.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Sobre ruedas

A lo largo de la historia, el frenético deseo de controlar cuanto le rodea ha estado presente en cada una de las criaturas de la Tierra. Anticiparse a cada pensamiento, no dejar nada al azar y apostar sobre seguro. Cualquier improvisto supone un cambio en el plan, en ese plan perfecto, el plan en el que nada puede fallar, nada puede salir mal. Sin embargo, estos contratiempos surgen a cada momento, anhelando desbaratar la estrategia mejor trenzada, ansiando romper ese equilibrio perfecto.

Por desgracia, todo en este mundo responde a un desenfrenado deseo de renovación. Cualquier intento de vencer al tiempo en una prueba de resistencia es inútil y, quizá, por ello, todo a nuestro alrededor viene al igual que se va. Creer que algo es de una determinada forma y que así lo será para siempre es como dar por supuesto que será la reina de corazones la próxima carta que saldrá de la baraja. Todo queda en una deducción, una suposición. No en vano, una vez se dijo que la suposición es la madre de todas las cagadas.

En la vida real, nada es firme, todo sufre una necesidad descontrolada. Precisamente porque vivimos como personas, sujetos de nuestras acciones, nuestros discursos y nuestras reflexiones. Seres subjetivos y, por tanto, impredecibles. Ese carácter subjetivo hace un misterio de cualquier reacción, cualquier resultado, cualquier conclusión. No podemos dar nada por sentado.

En multitud de ocasiones, es necesario arriesgarse, persistir en el empeño de conseguir eso que codicias, aquello por lo que suspiras, lo que te lleva a perder la razón. Sin embargo, hay que ser razonable y saber cuando, verdaderamente, una situación no se puede controlar. Cuando nuestra apuesta no ha sido ganadora. Cuando hemos fracasado.

Entonces llega ese momento en el que no podemos seguir insistiendo, el momento en el que hay que dejar que las cosas fluyan, de manera que todo llegue a ser como debe ser, aunque no hayamos podido controlar la situación, aunque la reacción no haya sido la esperada, aunque las cosas, finalmente, no sean como nosotros queremos. Porque no podemos establecer un gobierno sobre las olas del mar, ni someterlas a nuestra voluntad.

Porque nunca sabré si estás detrás de esa sonrisa o te escondes otra vez…

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuando no puedes elegir

Coraje, virtud, luchar por lo que es justo. A los seres humanos nos gusta pensar que lo tenemos todo siempre controlado, que podemos ayudar a nuestros seres queridos en los momentos difíciles, sin embargo a veces la vida se burla de nuestro orgullo. Entonces descubrimos lo que es la humildad y que nuestra principal fortaleza es la sencilla voluntad de perseverar

La vida puede ser lineal, llevar una trayectoria tan recta y tranquila que en ningún momento te paras a pensar en qué consiste. Lo que vives y cómo lo vives, lo que tienes, lo que quieres hacer y das por sentado que harás... todo ello asienta las bases de la normalidad, de la realidad, de tu realidad. Se convierte en tu día a día, en el que, sin importancia, los dias se atropellan unos a otros en la interminable carretera hacia el mañana.

Sin embargo, un solo momento puede hacer que toda esa trayectoria tome esa curva imposible, haga que se balancee la cuerda de la estabilidad y las bases de lo común se quiebren como el cristal de la última copa que jamás rompiste. Toda tu vida puede cambiar en un pequeño instante, tan corto como el tiempo que tarda la realidad en golpearte con su frío azote. La más espantosa e inquietante desdicha es que ese momento puede llegar cuando menos lo esperas, sin previo aviso, sin justificación.

Entonces, ¿qué queda? No rendirse, levantarse, mostrarle a la vida las ganas que tenemos de vivirla, de disfrutarla, de llevarla hasta el final. Porque, hasta en los momentos más difíciles, las ansias de superación pueden ser más fuertes que la más dura roca. Y aunque no sea facil que nuestros ojos encuentren el camino que nos lleve hasta ellas, en ese cielo que, siempre oscuro, ensombrece tu corazón, se pueden encontrar estrellas. Yo lo sé, y ella y, sobre todo, él.

Y es que sin una gran decepción no se aprecian las victorias...